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Ética

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La ética se relaciona con el estudio de la moral y de la acción humana. El concepto proviene del término griego ethikos, que significa “carácter”.

Ética, Moral y Anarquía[edit]

La clave de la moral Anarquista es el amor y el respeto por la naturaleza y la humanidad misma que no rodea. Se tiene la necesidad de entrar en comunion con la misma para poder vivir en armonia entre nosotros mismos y el medio ambiente.

Curiosamente para entender la ética y la moral anarquista solo basta con entender la simpleza de la palabra Anarquía. Eso es uno de los aspectos mas bellos del Anarquismo.

La ética del anarquista reside en dar siempre lo que quisieramos recibir de los demas. Si uno quiere ser respetado, hay que dar siempre respeto, si uno quiere cariño, hay que dar siempre cariño a los demas.

Se piensa que al poner en practica la moral y ética anarquista en la sociedad, se pueden resolver muchos conflictos, y que seria mucho mejor que continuar con la ética actual, que ademas de no ser lo mas viable, es un legado de la epoca medieval, y por lo tanto, ya no deberia estar en uso.

Concepto ético dentro del Anarquismo[edit]

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En el siglo XVIII, desde 1793, Mandeville atacó la hipocresía de la sociedad disfrazada con el nombre de moral. Manifestaba cómo las costumbres sedicentes morales no son más que una máscara; cómo las pasiones que se las cree dominar por el código moral vigente, toman una dirección un tanto más perniciosa cuanto mayores son las restricciones de este mismo código.

Los racionalistas del siglo XII, los filósofos de los siglos XVI y XVIII se hacían la pregunta: ¿Por qué seré moral?, la cual más adelante se repitió entre los preutilitarios ingleses(Bentham y Mills), Georg Büchner, entre los nihilistas rusos de los años 1860 a 1970, el joven fundador de la ética anarquista (la ciencia de la moral de las sociedades) -Guyau- y los jóvenes anarquistas franceses de nuestro días.

Junto con estas propuestas salieron otras respuestas como: la influencia de la educación sobre la moral y los prejuicios que con ello se obtiene, llegando así que la razón primordial para alcanzar la inmortalidad es tener la dicha de protestas contra la hipocresía que pretenden imponernos en nombre de la moralidad. Este razonamiento propuesto por la juventud rusa se hacía en el momento de romper con los prejuicios del viejo mundo y enarbolar la bandera del nihilismo o, mejor, de la filosofía anarquista: «No inclinarse ante ninguna autoridad por respetada que sea; no aceptar ningún principio en tanto no sea establecido por la razón».

Los filósofos ingleses lograron demostrar que las pasiones y la conciencia no tienen nada que ver con los actos humanos, sino que todos ellos se derivan de un único impulso: la consecución del placer en sus actos razonados, osea buscar placer o esquivar el dolor, que viene a significar lo mismo.

Este impulso es el hecho general o la ley del mundo orgánico, la esencia de la vida y sin este afán, la existencia sería imposible, Se disgregaría el individuo y la vida cesaría. Así pues, cualquiera que sea la acción del hombre o su línea de conducta, obra siempre obedeciendo a una necesidad de su naturaleza.

Los revolucionarios que desde el siglo XVIII hasta nuestros días, siempre que oyen por primera vez la primera explicación natural de los actos humanos (la teoría del egoísmo si se quiere) se apresuran a sacar la misma conclusión que la juventud nihilista la cual no cree en la moral.

Los religiosos para distinguir el bien del mal recurrían a la inspiración divina, mientras que los filósofos metafísicos nos hablan de conciencia e imperativos místicos, pero ambas concepciones la ética anarquista las ve como equivocadas, pues para ellos tanto los hombres como los animales saben distinguir entre el bien y el mal sin necesidad de esa conciencia o ese poder divino, la moral se da simplemente por una necesidad de los seres vivos, a causa de lo que ocupa su organismo, la conservación de su raza y la mayor suma de felicidad para el individuo.

La idea del bien y del mal existe en la humanidad. El hombre, cualquiera que sea el grado de desarrollo intelectual que haya alcanzado, por oscurecidas que estén sus ideas en los prejuicios y el interés personal, considera generalmente como bueno lo que es útil a la sociedad en que vive, y como malo lo que es nocivo.

La ley ha utilizado sencillamente las aspiraciones sociales del hombre para deslizarle, con preceptos de moral por él aceptados, órdenes útiles a la minoría de los explotadores, a los cuales rechazaba. Ha pervertido el sentimiento de justicia en lugar de desarrollarlo.

Adam Smith ha puesto el dedo sobre el verdadero origen del sentimiento moral, lo encuentra en el simple sentimiento de simpatía, su única falta está en no haber comprendido que tal sentimiento de simpatía, convertido en hábito, existe entre los animales al igual que en el hombre. Aunque es evidente que la práctica de la solidaridad se encuentra todavía más desarrollada en las sociedades humanas.

El sentido moral es en nosotros una facultad natural. En cuanto a la Ley y a la Religión, que también han predicado este principio, sabemos que lo han sencillamente escamoteado para con él cubrir su mercancía; sus prescripciones favorecen al conquistador, al explotador y al clérigo. Sin el principio de solidaridad, cuya justicia está generalmente reconocida, ¿cómo habrían tenido ascendiente sobre el espíritu?

Arrojando por la borda la Ley, la Religión y la Autoridad, volverá la humanidad a tomar posesión del principio moral, que se había dejado arrebatar, a fin de someterlo a la crítica y de purgarlo de las adulteraciones con las que el clérigo, el juez y el gobernante lo habían emponzoñado y lo emponzoñan todavía.

Los anarquistas declaran que renuncian a tratar a los demás como ellos no quisieran ser tratados por los otros; que no toleran más la desigualdad, lo cual permitiría a alguno de ellos ejercitar la violencia o la astucia o la habilidad del modo que los desagradaría a ellos mismos. Pero la igualdad en todo -sinónimo de equidad- es la anarquía misma.

No es únicamente a esa trinidad abstracta de Ley, Religión y Autoridad a quien le declaran la guerra, se la declaran al cúmulo de embustería, de astucia, de explotación, de depravación, de vicio, en una palabra de desigualdad, que han vertido en los corazones de todos los seres humanos. Se la declaran a su manera de obrar, a su manera de pensar. El gobernado, el engañado, el explotado, la prostituta, etc., hieren ante todo los sentimientos de igualdad de la humanidad. En el nombre de la Igualdad, no quieren ya ni prostitutas, ni explotados, ni engañados, ni gobernados.

Los anarquistas no temen renunciar al juez ni a la condenación. Renuncian, así como lo hizo Guyau, a toda sanción, a toda obligación moral. No temen decir: «Haz lo que quieras y como quieras»; porque están persuadidos de que la inmensa mayoría de los hombres, a medida que sean más ilustrados y se desembaracen de las trabas actuales, harán y obrarán siempre en una dirección determinada, útil a la sociedad.

Reconocen la libertad completa del individuo; desean la plenitud de su existencia, el desarrollo de sus facultades. No imponen nada, volviendo así al principio que Fourier oponía a la moral de las religiones, al decir: Dejad a los hombres absolutamente libres, no les mutiléis; bastante lo han hecho las religiones. No temas siquiera sus pasiones; en una sociedad libre no ofrecerán ningún peligro.

Es cuanto tienen el derecho y el deber de hacer para mantener en la sociedad el principio igualitario; más aún, el principio de igualdad puesto en práctica.

El origen de la ética anarquista, ha dicho Guyau, es el sentimiento de su propia fuerza, es la vida que se desborda, que busca esparcirse. «Sentir interiormente lo que uno es capaz de hacer es tener conciencia de lo que se ha dicho el deber de hacer.»

Lo que la humanidad mira en el hombre verdaderamente moral es su energía, es la exuberancia de la vida que le empuja a dar su inteligencia, sus sentimientos, sus actos, sin demandar nada en cambio, El hombre fuerte de pensamiento, el hombre exuberante de vida intelectual, procura naturalmente esparcirla. Pensar sin comunicar su pensamiento a los demás carecería de atractivo. Sólo el hombre pobre en ideas, después de haber concebido una con trabajo, la oculta cuidadosamente para ponerle más tarde la estampilla de su nombre. El hombre de poderosa inteligencia, fecundo en ideas, las siembra a manos llenas; sufre si no puede compartirlas, lanzarlas a los cuatro vientos; en ello está su vida.

En la actualidad se oye decir con frecuencia que se burlan del ideal moral anarquista. No obstante, cualquiera que sea la palabra, el hecho existe; todo ser humano tiene su ideal, por lo tanto no importa si es o no posible de realizar. Pero al notar que es progresivo, abierto a las influencias externas; más siempre vivo. Es una sensación, inconsciente en parte, que le da a muchas personas la mayor suma de vitalidad, el goce de existir, una ilusión.

Hay épocas, en que la concepción moral cambia por completo. Se observa que lo que se había considerado como moral es la más profunda inmoralidad. Aquí, una costumbre, una tradición venerando, pero inmoral en el fondo; allá, no se encuentra más que el provecho de una sola clase. Se les arroja por la borda y se grita: «Abajo la moral». Constituye un deber practicar estos actos inmorales. Estos tiempos, son tiempos de crítica, el siglo más seguro en que se hace un gran trabajo intelectual en la sociedad: la elaboración de una moral superior.

Y esta ciencia dirá a los hombres: si no te sientes con ánimo, si tus fuerzas se limitan a ser las necesarias para conservar una vida grisácea, monótona, sin fuertes emociones, sin grandes goces y también sin grandes sufrimientos, no te separes de los sencillos principios de la equidad igualitario. En las relaciones igualitarias encontrarás lo que necesitas, la mayor suma de felicidad posible dadas tus escasas fuerzas; pero si sientes en ti el vigor de la juventud, si quieres vivir, si quieres gozar la vida entera, plena, desbordante -es decir, conocer el mayor goce que un ser viviente puede desear-, sé fuerte, sé grande, sé enérgico en todo lo que hagas.

Lucha para permitir a todos vivir esta vida rica y exuberante, y ten por seguro que encontrarás en esta lucha goces tan grandes, como no los encontrarías parecidos en ningún otro orden de actividad.

Tal es cuanto puede decirte la ciencia de la moral: a ti te toca escoger.

Véase también[edit]

Bibligrafía[edit]