Teoría austriaca del ciclo económico

De Anarcopedia

Economía neoanarquista

Teoría austriaca del ciclo económico [*]
por Langlois [1]

Toda explicación de las crisis económicas debe incluir el supuesto de que los emprendedores han cometido errores. Friedrich von Hayek



Lo que sigue es una exposición breve y sencilla sobre la teoría austriaca del ciclo económico. La teoría fue elaborada por Ludwig von Mises en La teoría del dinero y el crédito, en 1912, y sería reforzada y popularizada con posteriores análisis del mismo Mises, Hayek, Rothbard, y Hazlitt, entre otros. Aquí realizaremos una síntesis con fines más que nada “didácticos”, ya que la exposición puede resultar útil para análisis posteriores. Si queremos desarrollar más consistentemente nuestra teoría anarquista, la crítica miseana del Estado resulta de suma importancia, ya el propio Mises se muestra en este aspecto más anarquista que muchos “libertarios”.

Antes de embarcarnos a analizar los ciclos económicos desde la perspectiva austriaca, debemos tener en cuenta algunos conceptos. Estos son: el cálculo económico, la función empresarial, el capital y los bienes de capital, y la preferencia temporal. El primero de estos ya ha sido esbozado en nuestro último artículo.

… un sistema económico, para ser eficiente, debe permitir a los agentes económicos poder discernir cuales son los procesos productivos que llevan a una mejor asignación de recursos. Es decir, una economía será eficiente en tanto mejor aproveche los recursos disponibles para la producción y no los derroche en proyectos antieconómicos o que producen pérdidas cualitativas. Para ello, se precisa un “común denominador”, que permita a los individuos llevar a cabo el cálculo económico. Así podrán calcularse las pérdidas y las ganancias, y las unidades de producción comparar los procesos productivos y deducir cuales serán los más eficientes.[1]



En una economía de mercado, “los cálculos basados sobre valores de intercambio”—dice Mises—“nos permiten reducir los valores a una unidad común. […] En una economía de dinero, el dinero es el bien elegido”.[2] El cálculo económico permite una provechosa asignación y utilización de los factores de producción, y una economía que lo elimine o lo altere no podrá llevar a cabo con eficacia dichas tareas.

En esta asignación de recursos interviene el empresario. La función del empresario es, básicamente, especular. A partir de los precios del presente inmediato, tratan de deducir o predecir los movimientos de los precios futuros, para saber qué actividad productiva resulta rentable. Si, por ejemplo, deduce que los precios futuros de un bien determinado serán altos, trasladará su capital hacia ese sector, porque esto significa altos beneficios. Cuando obtiene altas ganancias, está indicando, indirectamente, a otros empresarios que deben dirigir sus inversiones hacia la misma actividad, lo cual lleva a una mejor asignación de recursos. El empresario sigue su propio interés, pero para obtener las ganancias debe satisfacer las demandas de los consumidores.

Al concepto de capital ya nos hemos referido en el artículo Qué es y qué no es Capitalismo, donde destacamos que la definición correcta del capitalismo se encuentra en una correcta definición del capital, y que la mayoría de los teóricos y economistas, han asignado a este significados o bien demasiado generales —por lo que no podría considerárselo “característico” del Capitalismo— o bien demasiado limitados —dejando afuera otros tipos de capital. La definición austriaca, y que adoptamos allí, es la que establece que el capital es toda riqueza destinada a la producción expresada en dinero, buscando obtener beneficios. No es una entidad física, sino que es un instrumento de cálculo. Por otro lado, los “bienes de capital” es la parte del capital que se destina al consumo personal durante el proceso productivo, para asegurar la subsistencia del emprendedor. Esto permite ahorrar tiempo y recursos, porque se adquieren bienes ya producidos. El ahorro es indispensable para acumular bienes de capital y poder llevar a cabo la producción.

Por último, la preferencia temporal es la diferencia entre la preferencia por los bienes presentes y los bienes futuros. El “interés originario” es esta diferencia expresada en términos monetarios. El “interés originario” precede a la producción, ya que determina y permite el ahorro de bienes de capital; y se manifiesta a través de las tasas de interés. A partir de este cálculo, se les indica a los empresarios si los precios de los bienes finales que se produzcan alcanzarán para cubrir la preferencia temporal —es decir, el consumo de los bienes de capital. Con esto queda en evidencia que el ahorro es condición previa necesaria para la inversión.

A partir de aquí, la Escuela Austriaca nos explica cómo se dan los ciclos económicos y cómo estos culminan en crisis. El primer fenómeno que debemos comprender es el siguiente: cuando los empresarios deducen que los precios de ciertos artículos van a subir, estarán más dispuestos a contraer préstamos para invertir en la producción de dichos artículos. Esto quiere decir que, si se espera una suba de precios, habrá mayor demanda de dinero, y las tasas de interés tenderán a subir, y viceversa. En un mercado libre, las alzas y bajas de los precios se compensan mutuamente —dado que, como lo indica la ley de Say, es imposible que se de una superproducción generalizada—, por lo que las tasas de interés no suelen alterarse demasiado. Las tasas de interés cumplen una función específica, indican a los empresarios cuantos bienes de capital pueden acumular para procesos productivos futuros, es decir, evita que realicen emprendimientos para los que no hay suficientes recursos, porque los bienes de capital entran en sus cálculos monetarios. Esto es así porque la preferencia temporal, o más precisamente el “interés originario”, determina el ahorro de bienes de capital, el cual debe darse previamente antes de cualquier inversión —no puede invertirse lo que no existe. Si el ahorro es alto, las tasas de interés bajan, porque hay menor demanda de dinero.

El ciclo comienza cuando el gobierno expande la masa monetaria, cuyo resultado inevitable es una inflación, por lo que los precios comenzarán a subir en “general” —salvando las diferencias relativas entre ellos—, y las tasas de interés se verán afectadas. Una mayor cantidad de dinero circulando en la economía, significará una mayor demanda, la demanda alta indica a los empresarios que deben invertir y demandarán, a su vez, más dinero. Esto quiere decir que las tasas de interés subirán. Pero si el dinero nuevo ingresa a la economía por medio del mercado de dinero, es decir, por los bancos, las tasas de interés bajarán, porque crecerá la oferta de dinero.

La expansión monetaria, cuando ingresa por el mercado del dinero —expansión del crédito—, no manifestará cambios en el mismo en un primer momento. Pero a medida que el nuevo dinero circula por la economía, los precios suben y presiona a las tasas de interés para que lo hagan también. Pero como vemos, como el dinero ingresó por el mercado del dinero, el efecto inflacionario actúa tardíamente sobre las tasas de interés, así que las tasas de interés bajan por la mayor masa monetaria disponible. Esto quiere decir que los empresarios reciben información “falsa” o errónea. Notan los precios altos y la rentabilidad que producirá invertir, y adquieren préstamos a tasas de interés bajas, por lo que habrá un crecimiento o “boom” económico que durará tanto como dure la expansión monetaria.

Pero este crecimiento no puede mantenerse eternamente. El gobierno debe continuar emitiendo más dinero, y cada vez más periódicamente, por un lado para compensar las pérdidas que la inflación provoca sobre la población y por otro, para mantener vivo el auge económico. Pero llega un momento en que la masa monetaria es tanta que el dinero en sí pierde valor, lo que provoca una fuga de capitales. Cuando la expansión monetaria, luego de haber circulado por toda la economía, llega al mercado del dinero, bajan las tasas de interés aún más porque hay mayor oferta de dinero; mientras que los precios de los bienes continúan subiendo. Al haber más demanda por parte de los empresarios de factores productivos para cubrir esta demanda alta, los precios de estos también subirán. Este círculo vicioso, da a los empresarios “indicios” de que hay que producir cada vez más, y se demandarán recursos productivos que todavía no han sido producidos y que por ende no existen. En muchos casos, serán trasladados de unos sectores de la economía a otros. Esta mala asignación de recursos conducirá necesariamente a la depresión.

Cuando el gobierno opta por la medida opuesta —contracción del crédito—, las tasas de interés son forzadas al alza, porque hay menor oferta de dinero.[3] Por lo tanto, los capitales se desviarán hacia el mercado del dinero, el ahorro crece, el consumo disminuye, y se abaratan los bienes y servicios. Con la expansión del crédito, se llevaban a cabo procesos productivos equivocados; con la contracción del crédito, los recursos se acumulan y no se utilizan. Una vez que se detiene la expansión, los pocos empresarios que adquieran préstamos tan altos no estarán en condiciones de devolverlos, porque los precios de sus productos finales bajarán como consecuencia del poder adquisitivo creciente, y sus ingresos serán menores. Esta situación es una muestra más que clara de recesión.

Esta explicación se muestra sólida y resulta sumamente útil para analizar las economías actuales, que llevan a cabo medidas monetarias totalmente arbitrarias e irresponsables. Básicamente, la teoría austriaca de los ciclos económicos posee dos caras: la primera es que se deduce sistemáticamente de los conceptos austriacos principales que ya hemos destacado en otros artículos, como la teoría subjetiva del valor, del cálculo económico, del capital, entre otros; y la segunda, es que tal teoría resulta una de las más agudas y terminantes críticas realizadas a la conformación de los Estados intervencionistas. Téngase en cuenta que no por esto que indicamos, la teoría pueda hallarse libre de crítica y revisión. En palabras de Hayek:

… no necesito añadir que en mi opinión este desarrollo está lejos de terminarse y que lo único que podemos decir hoy tiene que ser necesariamente a título provisional y que probablemente estará sujeto a revisión con el tiempo. Pero aun cuando podamos al fin exponer este argumento particular en una forma menos objetable y más convincente de lo que podemos hoy, esto no significa el fin sino apenas el principio.[4]



[editar] Notas

[*] Buena parte del texto se encuentra basada en la exposición que Nicolás Cachanosky hace de las crisis económicas en Teoría austriaca y el problema del ciclo económico, 2007.

  1. Ver Críticas económicas al comunismo libertario.
  2. Ludwig von Mises, El cálculo económico en el sistema socialista, 1920.
  3. No hace falta que el gobierno retire dinero de la economía, simplemente con que detenga la expansión monetaria se dará el mismo efecto.
  4. Friedrich von Hayek, Perspectivas de precios, disturbios monetarios y mala orientación de las inversiones, de Nationalökonomisk Tidsskrift, vol 73, nº 3, 1935.
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