Revalorización de las ideas gesellianas

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Revalorización de las ideas gesellianas
por Langlois


El alemán Silvio Gesell (1862-1930) es uno de los tantos economistas que han sido marginados a los “bajos fondos” de la ciencia económica. Así como el francés Frédéric Bastiat —por muerte prematura— o el americano Henry George —por proposiciones prácticas controvertidas—, Gesell fue relegado a un segundo plano por circunstancias externas. En primer lugar, por su polémica propuesta de implantar una moneda inconvertible que se despreciaría en plazos programados por el Estado, que denominó “libremoneda”, con el fin de acabar con la especulación, la usura y la acumulación de los medios de cambio, facilitando el intercambio ininterrumpido de productos. En segundo lugar, porque John Maynard Keynes tomó y endiosó muchas de sus ideas. Estos dos hechos han bastado para dejar de lado sus teorías, que quedaron oscurecidas por sus propuestas y por la fama que le habían hecho.

Sin embargo, en este artículo consideraremos algunos puntos de su obra, y veremos que sus teorías económicas han sido arbitrariamente rechazadas e ignoradas. Aclaramos, como solemos hacerlo antes de iniciar el desarrollo del artículo, que reivindicar algunas de sus teorías, fruto de su investigación, no equivale a aceptar las mismas conclusiones ni a adoptar sus propuestas prácticas.

Contenido

[editar] Sus ideas de base

Gesell ha sido conocido por ser un gran crítico de la teoría del patrón oro. Sus ataques se dirigían más específicamente a la concepción que asentaba esta teoría, que indica que el papel-moneda circula gracias a que arraiga en cierta cantidad de oro, el cual, supuestamente, posee un “valor intrínseco”. Justamente su crítica más severa se dirigía hacia esta idea de “valor intrínseco”, idea que era bastante popular en el momento en el que Silvio Gesell desarrollaba sus ideas —la teoría del valor-trabajo de Marx, la teoría del patrón oro, etc., se sustentaban en ella—. Gesell descartaba esta concepción por considerar que para concebir un valor “físico” era necesario tal grado de abstracción que volvían a la mera idea de un valor arraigado en la materia totalmente quimérica, que sólo conducía a ilusiones imposibles de comprobar. Este tipo de teorías sólo podía producir “fantasmas”.[1] El factor empírico que apoyaría esto, para el alemán, sería el hecho de que en muchos países circulaban billetes sin respaldo en oro, cosa que no obstaculizaba ni la división del trabajo ni el intercambio, como aseguraba la teoría.

Gesell sólo consideraba admisibles como “valor” las valoraciones subjetivas de los individuos, como utilidad que reportan las mercancías a los mismos y que se traducía en la formación de los precios a través de la oferta y la demanda, lo cual lo acerca mucho a la adopción de los aportes del marginalismo —más específicamente al austriaco Böhm-Bawerk y su crítica a las teorías del valor, el autor más citado en su obra El orden económico natural. Queda netamente evidenciado este acercamiento en el siguiente fragmento:

[…] mercancía sólo puede cambiarse por mercancía. Esto es indudablemente cierto, pero, ¿qué es mercancía? Es el fruto de la división del trabajo, y tales frutos son útiles para sus productores como medio de intercambio únicamente, no para el aprovechamiento personal según ya hemos demostrado. […] la frase “mercancía sólo puede venderse por mercancía” tiene ya otro sentido, pues significa en primer lugar, y la expresión mercancía lo encierra tácitamente, que lo que se cambia no tiene utilidad para su dueño o su productor. Se requiere, pues, que lo recibido en cambio de la mercancía también sea útil para su poseedor.



Lo que vemos aquí es un típico postulado marginalista: que una mercancía sólo resulta útil en tanto puede ser cambiada por otra que repote más utilidades. Es decir, que la desigualdad de valoraciones es lo que justifica el intercambio. Estas ideas serían fundamentales en el desarrollo posterior de sus teorías.

[editar] Sobre la esencia del dinero

Si tenemos en cuenta la base de sus ideas antes expresadas, podemos entender mejor los estudios sobre el dinero explayados en su obra. De esta forma es como al inicio del mismo, advierte que el medio de cambio y la materia prima con la cual se emite no deben confundirse, ni considerarse una misma cosa. El dinero no es lo mismo que el oro, ni el oro es lo mismo que dinero. Si bien su apreciación es correcta, desgraciadamente Gesell, al igual que muchísimos economistas, consideraba que esta unión medio de cambio-materia era un producto de la legislación, una acción del Estado; cosa que el austriaco Carl Menger demostró que es errónea.[2]

A partir de esta advertencia, comienzan las verdaderas profundizaciones de Gesell sobre la ciencia del dinero. Para ello no considera superfluo todo tipo de aclaraciones previas, para que su análisis quede bien comprendido:

Si un hombre necesitase y quisiera obtener un objeto cualquiera en poder de otro y de él sólo obtenible se verá por lo general obligado a ofrecer alguna parte de sus bienes para conseguir del poseedor del objeto anhelado su cesión. Tratará, pues, de conseguirlo por medio del cambio. Y a este trueque tendrá que recurrir, aun en el caso de inutilidad del objeto para el poseedor originario. Es suficiente que este último conozca la necesidad apremiante del otro para no cederlo gratuitamente; y hasta sucede muchas veces que un objeto se guarda y se apropia tan sólo porque se sabe que no ha de tardar alguien en necesitarlo. Cuanto más imprescindible le es al otro el objeto, tanto más elevadas serán las pretensiones de su poseedor.[3]



“En otras palabras” dice Gesell, “buscamos usurear a los demás”. El intercambio está regido por la búsqueda de mayores beneficios posibles a los menores costos posibles. Este intercambio es obviamente facilitado por la introducción del dinero, factor de progreso de la división del trabajo.[4] Pero, ¿qué es lo que posibilita ese dinero?

Gesell comete el error, en este punto, de considerar que el dinero sólo es viable en tanto su emisión es monopolizada por el Estado. Si bien argumenta convincentemente que si el dinero no fuese responsabilidad del Estado, habría tantos tipos de dinero como individuos en la sociedad, por lo que se caería nuevamente en el trueque concluyendo abruptamente que “o dinero del Estado o ningún dinero”; omite la existencia del dinero antes de la formación del Estado. Es conciente de que se han utilizado otros bienes como la sal, el té o la pólvora como medios de cambio, pero los rechaza porque su función principal era la de ser consumidos, y una de los requisitos del dinero es circular “eternamente”, es decir, cumplir específicamente su función de medio de cambio y no otra. Sin embargo, el hecho de que en muchos pueblos primitivos se haya utilizado la misma palabra para designar tanto su función dineraria como la materia prima del medio de cambio —en el Nilo Superior, naglia significaba tanto “perlas de vidrio” como “dinero”, en el idioma eslavo antiguo skotum significaba tanto “ganado” como “moneda de escaso valor” en su diminutivo— no son datos de simple curiosidad histórica, sino que son claramente pruebas empíricas que invalidan la idea geselliana de que el dinero sólo es concebible como dinero legal del Estado. No obstante, concede que previamente a la monopolización de la emisión del dinero por parte del Estado debe cumplirse un requisito.

Aquí realiza casi de manera intuitiva un aporte importante en materia del dinero. Establece que lo que sostiene determinado tipo de artículo como medio de cambio es la demanda del mismo, rompiendo definitivamente con la idea del patrón oro de que era el “valor intrínseco” el que le daba esa cualidad. El artículo que rinda más utilidades a los individuos, que implique una mayor significación para los mismos, será el adoptado como dinero. Esto lo lleva a considerar el dinero como “la única mercancía útil”. Aquí notamos un pequeño acercamiento casi casual con la teoría de la liquidez de los bienes de Carl Menger. La liquidez es una faceta de la utilidad, cuanto más útil es un bien para adquirir otros bienes mediante el intercambio, con mayor fluidez circulará por el mercado, lo que constituiría su liquidez. Lo que los diferencia son los caminos por los que llegaron a esta conclusión, así como la forma de exponerla —la de Menger es claramente superior.

Así Gesell establecía, si bien siempre defendiendo su idea de que el papel-moneda inconvertible era totalmente viable, que el dinero circulaba eficazmente no gracias a su materia, sea oro, plata, etc., sino gracias a que existe demanda efectiva de él.

[editar] Sobre la oferta y la demanda

Gesell realiza unas distinciones muy interesantes y que podrían ser útiles en lo que respecta al papel que desempeña el dinero en las fuerzas de la oferta y la demanda. Establece que la oferta de mercancías, puede ser considerada como demanda de dinero, ya que, como decíamos más arriba, lo que mueve la producción es la búsqueda de beneficios. A su vez, la demanda de mercancías es, real y concretamente, la oferta de dinero.[5] El productor busca cambiar sus mercancías por un bien más “líquido”, el dinero; y el consumidor busca cambiar su dinero por una mercancía que le aporte una mayor utilidad. No olvidemos que todos, en el mercado, son productores y consumidores a la vez.

Pero existen diferencias muy claras entre estos dos tipos de oferta y de demanda. Gesell demuestra que, mientras la oferta de mercancías es ininterrumpida y puede sufrir los trastornos del tiempo —la mayoría de los productos, si no son consumidos, sufren todo tipo de deterioros—, la oferta de dinero o demanda de mercancías, expresada en una moneda “indestructible” como el oro, se encuentra en una posición ventajosa. El tiempo no le afecta, y el consumidor disfruta del privilegio de presionar a la oferta ya que puede almacenar su dinero sin gastarlo cuanto desee —aunque tarde o temprano ese dinero se gaste. Es el típico caso en la ciencia económica en el que luego de los postulados debe aclararse al pie “siendo constantes los demás factores”, porque todo esto se desmorona estrepitosamente cuando se producen todo tipo de perjuicios a la moneda que afecten los ahorros de los individuos. También debe tenerse en cuenta que el crédito y el trueque contribuyen a reducir la oferta.

[editar] Sobre el interés

A partir de esta idea de que el dinero presenta la capacidad de ser “retenido”, es decir, ahorrado, Silvio Gesell construye su tan mentada teoría del interés, la cual es bastante simple.

Habíamos dicho que las mercancías ofrecidas tenían la cualidad de sufrir el paso del tiempo, lo que ocasiona pérdidas en los productores si dichas mercancías no se venden en un lapso determinado. A diferencia de la oferta, la demanda, que se manifiesta mediante unidades dinerarias, no sufre el paso del tiempo. El dinero es “indestructible”, no se desprecia con el tiempo. De esta manera, la oferta de dinero se encuentra en una posición de privilegio frente a la demanda del mismo —oferta de mercancías—, hecho que origina la especulación por parte de los poseedores del dinero. Así, pueden atesorar, guardar, ahorrar, almacenar su dinero, sin que éste se desprecie como si fuera cualquier otra mercancía deteriorable —evidentemente, no es lo mismo acumular productos lácteos que monedas de oro. Esto Gesell lo calificaría como “retención de los medios de cambio” o “detenimiento de la circulación monetaria”.

Gracias a esta peculiar cualidad del dinero, algunos individuos pueden hacerse pagar “tributo” por la entrega del mismo. Quien quiera su dinero, deberá pagar al cabo de determinado tiempo, toda la suma prestada y un porcentaje del mismo llamado “interés”. Gesell aborrecería este aspecto del ahorro, ya que para él, constituía una apropiación de una mercancía cuyo objetivo es servir de medio de cambio para utilizarla con fines de especulación y usura. Según su explicación, este obstáculo a la circulación del medio de cambio contribuía a la reducción de la demanda-oferta de dinero frente a la oferta, la cual crecía desproporcionadamente sin encontrar consumidores, acabando todo este ciclo en las crisis de superproducción.

Si abstraemos este último aspecto de su teoría, la explicación que da Gesell del interés resulta bastante interesante, ya que puede complementarse coherentemente con la explicación “austriaca” del mismo fenómeno. Esta establece que los individuos valoran los bienes subjetivamente, y que suelen valorar más el consumo presente que el consumo futuro. Así, el tipo de interés se define como la diferencia entre estas dos valoraciones de los bienes, la presente y la futura. El individuo considerará más valioso el consumo futuro, renunciando al consumo inmediato, si ello le permite conseguir más bienes en el futuro. Esta diferencia en las valoraciones presentes y futuras, es lo que se denomina “preferencia temporal”.

En la teoría de Gesell se establece, paralelamente, que algunos individuos en posesión de dinero, en vista de que los oferentes están apremiados por el perjuicio físico que sufren sus productos y que por ello se ven en la necesidad de venderlos rápidamente, y que ellos no sufren esa presión; optan por no consumir y retener su dinero. Ambas teorías pueden acoplaste perfectamente: el bien ejerce, según Gesell, una presión objetiva sobre la preferencia temporal del individuo. Un individuo que tenga un bien de fácil almacenamiento, como puede ser el caso del oro, tenderá a tener una preferencia temporal “baja”. Si dicho individuo posee un bien difícil de retener —como puede ser, por ejemplo, la libremoneda geselliana, el dinero “corrosivo”—, tenderá a tener una preferencia temporal “alta”.

[editar] Los aportes de Gesell a la teoría económica

Resumiremos en cuatro puntos lo que consideramos los mejores aportes de Gesell en materia de economía, pese a que algunas de ellas ya habían sido anticipadas por otros economistas, sobre todo austriacos —Menger, Böhm-Bawerk.

  1. Que lo que sostiene al dinero no es su materia, sino la demanda que existe de él y la utilidad que reporta a los individuos, siendo el dinero la mercancía más útil ya que permite conseguir otras mercancías a través del intercambio. A su vez, el dinero que poseemos resulta menos útil en tanto nos situamos en la posición del comprador, y más útil cuando nos situamos en la posición del oferente.
  2. Que la oferta y la demanda de mercancías pueden ser expresadas en representaciones dinerarias, concibiendo la oferta como la demanda de dinero y la demanda como la oferta de dinero.
  3. Que la oferta de mercancías se encuentra más apremiada por conseguir dinero en comparación con la oferta del mismo, ya que el dinero es un bien “indestructible” y no recibe ningún tipo de presión, permitiendo su ahorro.
  4. Que la teoría austriaca de la preferencia temporal es válida como explicación del interés, y que Gesell demostró que hay que tener en cuenta las presiones objetivas que ejercen los bienes a ser consumidos sobre las “subidas” o “bajadas” de la preferencia temporal.

[editar] Notas

  1. Ejemplo de esto es lo que Marx explaya en El carácter fetichista de la mercancía y su secreto, del capítulo 1 del primer tomo de El Capital (1867).
  2. Ver la Teoría del dinero de sus Principios de economía política (1871), o el ensayo El origen del dinero (1892).
  3. Silvio Gesell, El orden económico natural, 1906.
  4. Gesell aquí se equivoca al considerar la división del trabajo como factor de introducción del dinero, cuando en realidad es y fue el dinero su elemento de propulsión. De todas maneras, esto no afecta sus posteriores análisis.
  5. Esta demanda de mercancías-oferta de dinero es algo muy distinto de la simple necesidad de mercancías. La demanda concreta y efectiva, real y material, es la que se manifiesta mediante el dinero. Esto es algo que Silvio Gesell deja bien claro.
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