Radical cheerleading: activismo con o sin pompón
De Anarchopedia
Radical cheerleading: activismo con o sin pompón
por Solange Vázquez
¿Rubias, atléticas y tontas? Nada de eso. Una nueva generación de animadoras rompe con todos los tópicos para luchar contra el sistema.
[editar] Cheerleading
No animan a un equipo de fútbol americano: llaman a la revolución. Las radical cheerleaders son un movimiento en alza que rompe todos los tópicos de las películas americanas. Son figuras ajenas a nuestra cultura, pero estamos tan acostumbrados a verlas en películas que lo sabemos casi todo sobre ellas. Y, la verdad, no se puede decir que inspiren la admiración general: el arquetipo de animadora que ofrece el cine es una chica mona, de cabeza hueca, obsesionada por su apariencia y por destacar sobre sus compañeras, con las que comparte el sueño de emparejarse con el capitán del equipo de fútbol. Vamos, que no representan precisamente el ideal feminista.
Pero, si hasta las misses son capaces de boicotear un concurso para protestar por la barbaridad de las lapidaciones, está claro que todo puede adquirir una dimensión ideológica. Seguro que nadie soñó nunca con escuchar a un grupo de animadoras cantar cosas como: «Resiste, resiste, lucha contra el capitalismo. Resiste, resiste, muéstrales dónde te pueden besar». Y, sin embargo, hay centenares de chicas que entonan a coro estos eslóganes y, mientras tanto, menean el palmito y los pompones.
El radical cheerleading -es decir, la animación radical- se ha extendido por todo el mundo a una velocidad de vértigo, hasta convertirse en uno de los ejes de las acciones contra la globalización, contra el sexismo, el racismo, el maltrato a animales o cualquier otra cuestión social que se tercie.
«El ‘radical cheerleading’ es activismo con o sin pompones y con los dedos corazones extendidos», resumen las seguidoras del movimiento, fundado a finales de los 70 en Florida por dos hermanas de fuertes convicciones anarquistas, Cara y Aimée Jennings. Su impacto ha convertido la comuna en la que residían -una casa de Lake Worth bautizada con el inequívoco nombre de Villa de Vulva- en lugar de peregrinación para todos esos estadounidenses insatisfechos con el sistema e ignorados en los documentales sobre el orgullo americano: punks, hippies tardíos, activistas afroamericanos, rebeldes antiglobalización…
En 1996, las hermanas Jennings asistieron a una conferencia anarquista en Chicago y comenzaron su andadura reivindicativa, que las llevó de manifestación en manifestación por distintos estados de la Unión. Esa experiencia les permitió dar forma a un par de conclusiones claras: a menudo, el mensaje se diluía en el lento y aburrido discurrir de una marcha de protesta.
[editar] En progresión
Para colmo, el protagonismo del acto solía ser monopolizado por el tipo que esgrimía el megáfono, que en la inmensa mayoría de las ocasiones era un hombre y no siempre tenía muchas cosas que decir. Ni cortas ni perezosas, decidieron aprovechar la sencilla estructura de los cheers, los cánticos de las animadoras, con sus ritmas pegadizas y su tono impetuoso, para transmitir la esencia de su pensamiento, acompañándola con bailes que adquirían una dimensión sexual mucho más explícita. Sus letras, con títulos como Dispara al violador, se empezaron pronto a divulgar a través de Internet y acabaron siendo impresas en pequeños manuales.
En las protestas antiglobalización de Seattle, se comprobó que los grupos de animadoras radicales habían florecido en toda Norteamérica. Posteriormente, se han extendido a Gran Bretaña, y parece que en el resto de Europa la tendencia está al caer. La apariencia de una radical cheerleader tiene mucho menos glamour que la de una animadora de verdad. Los pompones suelen estar fabricados con tiras de bolsas de basura, el uniforme de cada equipo no es un derroche de dorados y plumas y el propio cuerpo de las chicas no se ajusta a los rigurosos cánones de la belleza oficial. De hecho, algunas son hombres, por qué no.
Pero ello no debería dar lugar a la conclusión de que todo esto se queda en mera patochada: las fundadoras del movimiento no se cansan de recordar que el componente coreográfico del cheerleading se debe mantener, con movimientos estudiados, ensayos constantes y un alto nivel de autoexigencia. Porque, según ha revelado ella misma, Aimée Jennings fue animadora en el instituto. A Cara, en cambio, la rechazó el comité de selección… ¿Se le vería ya entonces el plumero?.

