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La propiedad sobre uno mismo

De Anarcopedia

La propiedad sobre uno mismo
por Francisco Capella [1]

La persona se posee a sí misma de forma plena, al menos por defecto y mientras no contrate legítimamente otra cosa. Cada ser humano es dueño de su mente y cuerpo, ya que es el primero que los usa y el único que realmente puede controlarlos. La ética intenta resolver los conflictos sobre el uso de recursos limitados de forma argumentativa, no violenta, mediante el discurso razonado, lo cual tiene unas presuposiciones e implicaciones lógicas que determinan sus principios básicos. El derecho de propiedad de la persona sobre sí misma se deduce lógicamente del axioma de la argumentación interpersonal. Si los seres humanos argumentan pacíficamente, previamente deben admitir el derecho de cada individuo para pensar y tomar decisiones por sí mismo. Las alternativas lógicas a la propiedad completa del ser humano sobre sí mismo, o no son simétricas y universales, o son arbitrarias, o son inviables.

Si una persona pudiera poseer por defecto a otras (como ley fundamental), el sistema normativo sería claramente asimétrico, no universal, parcial y arbitrario. Los privilegiados propietarios, arbitrariamente determinados, serían considerados esencialmente superiores a los poseídos, infrahumanos sin derecho a controlarse a sí mismos. Toda persona posee de forma natural como mínimo su mente y su cuerpo, su tiempo y su capacidad de trabajo. El individuo puede enajenar partes de su cuerpo, su tiempo o su trabajo. Las únicas formas de dejar de ser dueño de sí mismo es dejar de existir como persona, falleciendo o perdiendo su capacidad de control y argumentación, o asumiendo un contrato de sumisión con otra persona. Una persona no puede ser de forma natural (por defecto) propiedad de otra persona. La esclavitud es éticamente inadmisible. Pero si un individuo desea someterse voluntariamente a otra persona, entonces no es su esclavo, ya que la esclavitud implica sumisión por la fuerza en contra de la voluntad del esclavo y la sumisión voluntaria es resultado de un contrato particular aceptado de forma libre y voluntaria.

El comunismo radical propone una propiedad universal e igual de todos sobre todos: cada individuo es dueño de una mínima parte de sí mismo y de una parte equivalente de todos los demás seres humanos. Esta es una norma universal y simétrica, pero irreal e imposible de implementar. La propiedad es legitimación del control, y es prácticamente imposible que cada persona intente controlar a todas las demás y deba ser controlada por todas las demás. Si cada persona es parcialmente propietaria de todas las demás, la toma de decisiones se ve gravemente afectada por bucles recursivos autoreferenciales potencialmente irresolubles: cada individuo usa su parte de propiedad sobre los otros para intentar controlar sus decisiones acerca de sí mismo. El ser humano no puede sobrevivir si cada individuo necesita la aprobación constante de todos sus actos por el resto de la especie humana. Una normativa que condena a la especie a la extinción no puede ser la ética correcta. Si esta utopía irrealizable intenta llevarse a la práctica, rápidamente se transforma en una dominación y opresión por parte de una clase dirigente privilegiada.

De la propiedad sobre uno mismo no se deduce automáticamente la propiedad sobre objetos no humanos; la propiedad sobre uno mismo no implica lógicamente que uno posea aquellos bienes con los cuales mezcla su trabajo, sino que ambos derechos se infieren mediante el mismo proceso de búsqueda de normas éticas: el concepto de propiedad se fundamenta en la necesidad de asignar ámbitos legítimos de decisión de forma universal, simétrica y funcional para evitar, minimizar y resolver conflictos. La propiedad sobre uno mismo y la propiedad de las cosas como primer usuario o mediante intercambios son las únicas soluciones posibles dadas estas restricciones éticas.

La propiedad sobre uno mismo no es un concepto absurdo. Los seres humanos son simultáneamente propietarios y objetos de propiedad, son parte de la realidad y pueden existir conflictos sobre el uso de sus cuerpos y sus mentes, es necesario asignar derechos de propiedad sobre ellos. La propiedad es una relación entre un propietario, la persona, y una cosa poseída, lo que legítimamente se controla. La persona es una cosa, un objeto físico, un recurso utilizable, está constituida por un cuerpo vivo capaz de autocontrol mediante su sistema nervioso. Se trata de una relación reflexiva (de una entidad consigo misma) perfectamente bien definida. Otras relaciones reflexivas son muy importantes: los seres vivos son autopoyéticos, se generan o crean a sí mismos; los sistemas cognitivos más avanzados intentan comprenderse y representarse a sí mismos (autoconsciencia).

La lógica clásica basada en separaciones drásticas e inmutables entre entidades es problemática para la biología y la cognición. El ser humano individual se autoconstruye (con materiales y energía recibida del exterior y con interacciones sociales), se desarrolla gradualmente tanto en su biología como en su cultura. No hay mentes que colonicen o se apropien de cuerpos ya desarrollados, sino que ambos surgen de forma gradual y difícilmente separable. En este sentido la autoposesión y la posesión de objetos no humanos es diferente. El cerebro controla (coordina) el resto del cuerpo, lo posee, y cerebro (director) y cuerpo (ejecutor) controlan objetos externos. El sistema nervioso es una especialización evolutiva avanzada de los seres vivos, un sistema de coordinación de sus diferentes subsistemas. El cerebro existe porque es adaptativo, produce una conducta adecuada a la supervivencia del organismo completo: una mente sin cuerpo agente (biológico o mecánico) es problemática, mientras que abundan los organismos sin sistema nervioso especializado.

Cada mente controla su organismo en su propio beneficio (de sus genes y sus memes), por su propia supervivencia y reproducción. Mayor capacidad de control de otras entidades externas implica más posibilidades de acción exitosas, de modo que cada mente puede intentar controlar otros seres humanos, sus cuerpos y mentes. Las personas pueden interaccionar de forma competitiva intentando controlarse unos a otros, influyéndose mutuamente: un caníbal controla un cuerpo ajeno y se lo come; un esclavista controla el trabajo del esclavo; un persuasor influye sobre las mentes ajenas. Si el cerebro permite que una entidad externa controle su cuerpo, ésta seguramente lo hará en su propio beneficio (para su supervivencia y reproducción) y posiblemente en contra de los intereses del organismo (salvo si existen lazos genéticos o meméticos de modo que una persona más adulta o sabia intenta enseñar conductas exitosas a un vástago o alumno en interés de los genes o memes de ambos).

La mente surge como estructura de información útil para el control de un cuerpo, pero las tecnologías médicas e informáticas podrían producir mentes transportables de un cuerpo a otro (transplantar todos los órganos del organismo excepto el sistema nervioso). La mente requiere un soporte físico de algún tipo, sea biológico o informático, que es capaz de coordinar el comportamiento de un sistema asociado de perceptores y actuadores (controlándolo, poseyéndolo). Aunque la mente o los programas puedan cambiar de soporte material (siendo parcialmente independientes de su sustrato), esto no implica que pueda haber mente sin algún soporte físico (un algoritmo es una estructura de operaciones y datos almacenados en alguna memoria física, y el procesador requiere una existencia material). La mente como sociedad de agentes y como entidad física puede tomar decisiones que impliquen acciones y efectos que la alteren a ella misma, cambiando partes, destruyéndolas o añadiéndolas.

El cuerpo no es todo él parte necesaria de la propia identidad, de hecho está renovándose de forma constante sin que se considere que se pasa a ser otra persona, y se pueden perder o añadir partes sin que la persona deje de existir como una entidad unitaria identificable. La propiedad de una persona sobre sí misma se enfrenta a problemas límites en el caso de los siameses (dos cerebros sin dos cuerpos independientes completos, compartiendo parte de sus órganos) y los trastornos de personalidades múltiples (un solo cerebro con diferentes personalidades en conflicto).