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Hayek y la estabilidad monetaria

De Anarcopedia

Economía neoanarquista

Hayek y la estabilidad monetaria
por Langlois [1]

El particular hecho de nuestro dinero actual y de la ciencia económica a lo largo del siglo XX, ha sido que se ha sobrevalorado la función de “circulación” del mismo por sobre todas sus demás utilizaciones, lo que ha justificado políticas crediticias expansionistas llevadas a cabo por los gobiernos, generando inflación y crisis. El problema con esta visión es que descuida la verdadera naturaleza del dinero, su importancia e influencia sobre la estructura de la producción y el mercado. Como dice Nicolás Cachanosky, se tratan los problemas de una economía monetaria “como si el dinero fuese el lubricante de una máquina y los individuos pistones de la misma que necesitan realizar transacciones aceitosas”.[1] Ante cualquier problema de estancamiento económico, los “entendidos” exigen más inyecciones de liquidez, destruyendo todo tipo de iniciativa por la estabilidad monetaria.

Esta deficiente comprensión del fenómeno monetario y de los procesos del mercado es lo que ha posibilitado la paradójica contradicción entre los principales objetivos de todo ingeniero económico moderno —elevado nivel de empleo, crecimiento económico, estabilidad de precios y una “justa” distribución de la renta— que se valga de las herramientas teóricas habituales. Así, para elevar el nivel de empleo se recomiendan políticas expansivas, cuyo principal efecto es la desestabilización de los precios por el avance inflacionario. Para garantizar una justa distribución de la riqueza se exigen elevadas cargas tributarias para el sector empresarial, lo cual limita la capacidad del mercado de crecer eficientemente por la reducción de las posibilidades de inversión.

Estos errores tan comunes provienen de lo que economistas como Peter Bauer o Friedrich Hayek denunciarían como un claro desprecio por los principios básicos y elementales de la teoría económica. Una clara y eficaz comprensión de los fenómenos económicos llevaría a cualquiera a la conclusión de que el sistema de precios del mercado posee una “estabilidad intrínseca”, que provee a los agentes económicos de la información necesaria para asignar eficientemente los recursos; y que las políticas monetarias expansivas son las que producen la inflación, la alteración de los precios relativos y la consiguiente crisis y depresión. Sin embargo, para esto urge la abolición del monopolio monetario y la implantación de un sistema bancario descentralizado, que proporcione un valor constante y estable del dinero, de forma que se reduzca al mínimo la incertidumbre en el mercado y los movimientos de precios no sean tan imprevistos, facilitando el ajuste y la correcta asignación de recursos.

Para esto es necesario demostrar cómo un sistema bancario libre, tal como lo planteaba Friedrich Hayek en 1978 en su breve tratado La desnacionalización del dinero, puede proporcionar tal estabilidad monetaria, el viejo deseo de Knut Wicksell. El principal problema a considerar, que a nuestro parecer el autor dedica poco espacio, es cómo podría mantenerse estable el valor de las diferentes monedas privadas suministradas por los distintos bancos emisores, y cómo el proceso de competencia podría forzar a los distintos emprendedores a ello.

Como ya hemos explicado en otro artículo,[2] el dinero es un bien más en la economía, y como tal se rige por las leyes de la oferta y la demanda. Sin embargo, el concepto de dinero no debe tomarse como un sustantivo, sino como un adjetivo que denota una cualidad en determinada mercancía. Esta cualidad diferencial es el grado de liquidez que dicho bien posee, entendido como la capacidad de intercambiarse por gran parte de todas los demás bienes. Es decir, que un bien de cualidades dinerarias es el bien más demandado y valorado de la economía. Su valor reside en que las personas lo aceptan a cambio de sus bienes por el puro y simple hecho de que esperan poder cambiarlo por otros bienes en el futuro, ya que como tal, es un bien que no posee valor por sí mismo —con lo cual carece de validez la irreal suposición de Keynes de que la frugalidad es pura y simplemente atesoramiento de dinero sin ninguna motivación por el consumo futuro—.[3]

El dinero es susceptible de ser utilizado para diferentes objetivos: medio de pago, medio de atesoramiento, unidad de cálculo, etc. Aclaremos que no es ninguna de las utilizaciones mencionadas la causa de que un bien se convierta en dinero, sino que es su aceptabilidad generalizada en el mercado —liquidez— lo que origina las mismas. A menudo se han dado situaciones en las que todas esas funciones han sido llevadas a cabo por diferentes bienes en forma simultánea. No obstante, el dinero cumple una función estrictamente social en la contabilidad o como “medida de precios”, permitiendo el cálculo económico, pero para que cumpla su rol eficientemente es necesario que su valor permanezca medianamente constante. Un valor decreciente del mismo, producto de una mayor emisión de dinero, ocasionará un alza general en el nivel de precios y la alteración de la estructura de precios relativos; y un valor creciente, debido a una disminución en su cantidad o un aumento de su demanda, provocará una caída en el nivel de precios y la paralizará la producción. El valor del dinero debe mantenerse estable para no desestabilizar el sistema de precios del mercado.

Es posible reducir su función individual a dos, la de medio de pago —circulante— y la de medio de atesoramiento —“reserva de valor”—. Una política monetaria expansionista, que arroje cantidades de dinero crecientes a la economía, tenderá a favorecer la circulación del mismo, pero disminuirá su aceptabilidad como medio de atesoramiento. Las discrepancias entre ahorro e inversión serán tales que llegado determinado punto, no existirán recursos prestables que respalden los emprendimientos y la devaluación del dinero será completa. El principal defecto de las políticas inspiradas en las teorías keynesianas es, por ello, que pretenden fomentar el consumo, cuando no se puede consumir lo que no ha sido previamente producido, a la vez que tampoco se puede incrementar la capacidad productiva consumiendo más.[4] Si la cantidad de dinero es acorde a las necesidades de la economía, y su valor, por lo tanto, se mantiene estable, las discrepancias entre ahorro es inversión serán ínfimas o despreciables.

El sistema bancario libre propuesto por Friedrich Hayek ya ha sido explicado anteriormente.[5] El primer paso sería la abolición del monopolio sobre la emisión de dinero que poseen los gobiernos y los bancos centrales; y permitir el surgimiento de los primeros bancos emprendedores que emitan sus propias monedas, paralelas a la estatal. Estas monedas serían cada una de diferente denominación, por lo que su aceptabilidad en el mercado, su valor, y demás regulaciones serían responsabilidad de los mismos bancos privados emisores; y competirían entre sí por volverse más aceptables al público. Pero, ¿cómo regularían los bancos el valor de sus monedas?

Sabemos que, como las leyes de la oferta y la demanda rigen sobre el dinero al igual que sobre todos los demás bienes de la economía de mercado, el valor del mismo aumenta, como ya hemos dicho, cuando se reduce su oferta; y viceversa, cuando su oferta se expande, el valor del dinero disminuye. A partir de estos conceptos, es posible, con fines expositivos, desarrollar un gráfico donde se relacionen diferentes cantidades de dinero con dos curvas, una que indique un grado de circulación por la economía, y otra que exprese su capacidad para servir al ahorro como “reserva de valor”.

En el eje horizontal, M, se registran cantidades crecientes de dinero. La curva L expresa distintos grados de circulación de ese dinero, y es creciente en tanto que se expande la masa monetaria. La curva V, por su parte, es la que manifiesta el grado en el que los individuos optarán por ese dinero para utilizarlo como reserva de valor, y decrece en tanto aumenta la cantidad de dinero. El punto a, que es donde se cruzan las curvas L y V, nos indica la cantidad óptima de dinero que el banco debe emitir para que su divisa resulte deseable para los individuos tanto como circulante como medio de atesoramiento.

Las áreas sombreadas, que hemos denominado w y e, nos muestran los posibles desequilibrios que provienen de suministrar cantidades superiores o inferiores de dinero que las necesarias. En el área w, el punto v de la curva V muestra que el valor alto del dinero hace que sea mayormente utilizado como medio de atesoramiento, y el punto l’ de la curva L manifiesta un bajo grado de circulación. El área e es su opuesta: el punto l de la curva L expresa un alto grado de circulación por el bajo valor del dinero y el punto v’ de la curva V muestra que es menos deseado como “reserva de valor”.

Los bancos emisores, bajo el sistema propuesto por Hayek, poseen todos los medios para regular la cantidad de dinero de modo que se alcance la cantidad óptima. Si el valor de sus monedas baja, deberán ir a buscar y comprar sus billetes en el mercado para quitarlos de circulación; y si éste sube, podrán emitir más dinero para nivelar la situación. Los indicadores que utilizaría el banquero individual sería principalmente el nivel de precios expresado en su moneda, de modo que ante una caída o alza del mismo le muestre cuándo su dinero se sobrevalúa o desvaloriza. Esto es particularmente sencillo, y pueden aplicarlo con toda tranquilidad los bancos centrales actuales, pero como todo monopolio, no posee la motivación necesaria para suministrar la cantidad necesaria dado que no posee competidores. A esto se le suma la insistencia en políticas expansionistas en base a la manipulación de las tasas de interés.

En un sistema de libre competencia bancaria se perdería la posibilidad de manipular las tasas de interés, y estas cumplirían su función original en el mercado facilitando el cálculo económico. Las tasas de interés indican la abundancia o escasez de recursos prestables para financiar proyectos y emprendimientos. Cuando estas son altas, significa que no hay bienes de capital suficientes, y cuando son bajas, se está indicando que existen fondos en abundancia. Si las tasas son manipuladas y artificialmente bajas aumentando la cantidad de dinero emitido, los empresarios pueden considerar rentables proyectos para los que no hay bienes de capital reales —ya que el dinero no es, en realidad, capital en el estricto sentido del término—.

Un banco A que en competencia emitiera en demasía, desvalorizando su moneda particular y privada, forzando sus tasas de interés a la baja, recibiría clientes ansiosos de adquirir préstamos, pero, tal como se demuestra en el gráfico, nadie querría preservar sus ahorros con el dinero de A. Por lo que no tendría fondos reales para respaldar sus préstamos y, si no cambia de rumbo, con el tiempo su moneda estaría tan desvalorizada que nadie la aceptaría y su negocio quebraría a manos de otras monedas más estables. De la misma forma, si un banco B que restringiera sus emisiones de dinero, subiendo sus tasas de interés, tendría numerosos clientes deseosos de mantener sus ahorros en la moneda de B, pero nadie le pediría préstamos, por lo que la diferencia entre el interés que paga a los ahorradores y el interés que recibe por sus préstamos se reduciría al igual que sus beneficios.

De esta manera, la competencia misma obligaría a los bancos a regular minuciosamente el valor de sus monedas, y a permitir a la tasa de interés fluctuar según las necesidades reales de la economía, permitiendo una eficaz asignación de recursos y reprimiendo las inflaciones y deflaciones generales; objetivos que ningún banco central ni ningún gobierno pueden garantizar. Como señala Hayek:

Los gobiernos nunca han utilizado su poder para proporcionar una moneda aceptable y se han reprimido de cometer grandes abusos sólo mientras se mantenía el patrón oro. La razón para que nos neguemos a continuar tolerando esta irresponsabilidad de los poderes públicos es que sabemos ahora que es posible controlar la cantidad de moneda para prevenir fluctuaciones excesivas de su poder adquisitivo. […] no hay ninguna razón para pensar que la empresa privada, cuyo beneficio dependería de que el éxito coronase sus esfuerzos, no sería capaz de mantener estable el valor del dinero que emitiera.



[editar] Notas

  1. Nicolás Cachanosky, Teoría austriaca y el problema del ciclo económico, 2004.
  2. Ver El espejismo de la inflación [6-5-2008].
  3. “Un acto de ahorro individual significa —por decirlo así— el propósito de no comer hoy; pero no supone la necesidad de tomar una decisión de comer o comprar un par de botas dentro de una semana o de un año… No es una sustitución de la demanda de consumo presente por demanda de consumo futuro sino una disminución neta de la primera”. John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, 1936.
  4. Ver La refutación de Keynes, de José Ignacio del Castillo.
  5. Ver El anarquismo de mercado y la banca libre [16-3-2008]. Por supuesto, siempre es más recomendable acudir a las fuentes originales, por lo que una lectura detenida del libro de Hayek sería más enriquecedora.
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