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El libre mercado como medio de emancipación de los trabajadores

De Anarcopedia

Economía neoanarquista

El libre mercado como medio de emancipación de los trabajadores
por Horacio Langlois [1]

Suele decirse que, bajo el libre mercado, la clase trabajadora se vería forzada a trabajar por salarios de subsistencia o menos, que perdería todo tipo de seguros sociales, que proliferaría la desocupación, y otras tantas calamidades para los obreros que no alcanzaríamos a enumerar aquí. Sin embargo, muchos de estos “argumentos” están construidos sobre la arena, y carecen de consistencia tanto como la tesis tan extendida que nos indica que la libre competencia conduce a la centralización del capital. En este artículo trataremos de hacer ver que el libre mercado conduciría a una clase trabajadora más independiente, con mayores opciones de empleo y salarios más altos, además de hacerse posible el acceso de la misma a la propiedad de los medios de producción. Básicamente, que el obrero podrá elevar su nivel de vida y convertirse en un emprendedor.

Previamente debemos aclarar que el escenario económico será el mismo que en el artículo La verdadera acción de la competencia, es decir, que hablamos de un mercado radicalmente libre de la participación del Estado, y que nos enfocaremos en las relaciones específicas entre trabajador y capitalista. También consideraremos la mentalidad y finalidad del trabajador como la descrita por Mises en Socialismo: un análisis económico y sociológico, de 1922, a la hora de referirse al sindicalismo:

El trabajador anhela ser el amo de los medios de producción que se emplean en su particular empresa. El movimiento social contemporáneo nos muestra cada día con mayor claridad que es esto y ninguna otra cosa lo que desean los trabajadores. A diferencia de aquel socialismo que es producto del estudio académico, las ideas sindicalistas emergen directamente de la mente del hombre corriente, quien siempre será hostil hacia los ingresos “no ganados” de prójimo. […] No todos los trabajadores se convertirán en los dueños de todos los medios de producción; aquellos que trabajan en una industria o empresa en particular obtendrán los medios de producción que se emplean en ella.



Contenido

[editar] I

En un mercado libre, los salarios y el empleo, así como los capitales, se hayan sujetos a la ley de la oferta y la demanda. Utilizaremos una situación sencilla como ejemplo, en donde la cantidad ofrecida de obreros se mantiene estable, al tiempo que en el mercado de capitales ingresan cada vez más competidores. Ya hemos explicado en el artículo de este mismo blog citado más arriba que la competencia entre los capitalistas los llevará a bajar los precios y a reducir sus beneficios, cada vez más cercanos a los costos de producción. Dentro de los costos de producción se encuentran los capitales fijos —el cual no necesita ser reinvertido— y capitales circulantes —que “circulan” por la producción de bienes, necesitando reinvertirse luego de producir. En este último, se encuentran los insumos y el trabajo prestado por los obreros, el cual necesita recibir el salario para volver a poner sus servicios a disposición del capitalista.

El capitalista recibe como ganancia la diferencia entre el precio ofrecido por el artículo en venta y el capital circulante. Como la libre competencia abre las puertas del mercado a la entrada de capitales, motivados por las altas rentas que perciben los monopolios y oligopolios, la cantidad de capitales aumenta y la competencia fuerza a cada uno a reducir sus precios. Esto quiere decir que las ganancias particulares de los empresarios disminuyen, y no pueden “extraer” riqueza de los trabajadores disminuyendo los salarios, porque dada la creciente demanda de trabajo, pueden desplazarse hacia empleos mejor retribuidos. En este contexto, la situación del capitalista, gracias al libre mercado, se vuelve crítica, y sólo tiene como opción vender su empresa antes que continuar manteniendo un negocio que le rinde cada vez menos ganancias.

Si tenemos en cuenta que la mentalidad de los trabajadores es la descrita por Mises, buscarán comprar al capitalista esa empresa de la cual desea librarse. Dado que la libre competencia entre los capitalistas ha resultado en un aumento de los salarios y unas mayores posibilidades de empleo, la unión de los ahorros de los obreros, o incluso un préstamo —gracias a que las tasas de interés también caerían considerablemente por la competencia y la libertad bancaria—, permitirían a estos acceder a los tan anhelados medios de producción.[1]

[editar] II

Básicamente, lo que estamos diciendo es que en libre mercado, si la cantidad ofrecida de trabajo se mantiene constante, la demanda del mismo crecerá al mismo tiempo que se expande la oferta de capital y la cantidad de empleadores debido a la liberación de la competencia. Esto implicaría mayores salarios para los trabajadores, beneficios más bajos para los capitalistas, tasas de interés decrecientes, y la posibilidad de que los primeros adquieran los medios de producción y los gestionen ellos mismos.

Sin embargo, persiste aún, desde los tiempos de Marx, la idea de que, por más que admitamos los puntos analizados más arriba, la tendencia de los capitalistas de “sustituir” los trabajadores por maquinaria les impediría a estos últimos alcanzar los objetivos mencionados. Quienes defienden tal argumento, sostienen que la maquinaria, al aumentar la productividad, permite al obrero producir más artículos con menos trabajo. Si para producir 10 antes se necesitaban 8 unidades de trabajo, con la nueva maquinaria ahora se necesitan tan solo 4. Así los salarios descienden y muchos trabajadores quedan desempleados.

Tal razonamiento adolece de uno de los errores más extendidos en economía actualmente, y el más remarcado por el economista Henry Hazlitt: ver los efectos inmediatos de un determinado fenómeno económico, y no los efectos a largo plazo o las consecuencias mediatas, como ya explicaremos. Y como el mismo Hazlitt remarca respecto a este tema:

Si fuera verdaderamente cierto que la creación de maquinaria para ahorrar trabajo es una causa de desocupación y miseria constantemente en aumento, las conclusiones lógicas a que se llegaría serían revolucionarias, no solamente en el campo técnico, sino en nuestra concepción total de la civilización.[2]



En efecto, si toda maquinaria provocara desempleo, la única solución posible para evitar la miseria sería que los trabajadores transportaran las cargas industriales sobre sus espaldas, que fabriquen automóviles con las manos desnudas, o tal vez lo mejor sería volver a una economía primitiva sin ningún tipo de desarrollo de la técnica. Pero analicemos mejor la situación.

Supongamos que para producir un artículo X se necesitan 20 unidades de trabajo, retribuidas en $5 cada una. Supongamos ahora que se desarrolla una nueva máquina que optimiza la productividad de cada unidad de trabajo, de modo que ahora se necesitan tan sólo 15 unidades de trabajo para producir X. El capitalista que adquiere la maquinaria, despide 5 unidades de trabajo y sus ganancias personales pasan a aumentar $25 más. El capital fijo crece a expensas del capital circulante. Así, los capitalistas acumulan más capital en detrimento de los obreros, mientras las unidades de trabajo despedidas pasan a engrosar las filas de la desocupación. Esto quiere decir que habrá mayor oferta de trabajo, con lo que los salarios descenderán. Sin embargo, si observamos la otra cara de la moneda, notaremos que, si los capitalistas demandan más maquinaria, alguien debe producirlas. Esto se traduce como una mayor demanda de trabajo en la producción de máquinas, con lo cual la ocupación no ha decrecido, sino que se han transferido empleados de un sector de la economía a otro[3]

Tengamos en cuenta además, que el capitalista que acumula más capital gracias a la maquinaria, en un contexto de libre mercado como el que explicamos anteriormente, se vería apremiado por la competencia, por lo que no podrá acumular ese capital sin tener que invertirlo. Lo más probable es que se destine a una expansión de su empresa, o que la destine a otros negocios más rentables. Desde los inicios de la economía política la Escuela Clásica y más específicamente David Ricardo nos indicaban que la demanda de trabajo se encontraba sujeta a la inversión de capital, es decir, que a mayor inversión, mayor demanda de trabajo. Por lo que en el largo plazo, la acumulación y el ahorro provocado por la mayor productividad de la maquinaria, se traducirá en el futuro en una mayor demanda de trabajo, con la consecuente reducción de la desocupación y la subida de los salarios. Resumiendo,

[…] el aumento de los ingresos netos, estimados en mercancías, que es siempre una consecuencia de la maquinaria, conducirá a nuevos ahorros y acumulaciones. Se recordará que estos ahorros son anuales y que tienen que crear un fondo mucho mayor que los ingresos brutos perdidos con la invención de la maquinaria, lo que hará aumentar la demanda de trabajo hasta que sea tan grande como antes; la situación de los trabajadores se verá mejorada aún más por el aumento de los ahorros que será posible con el aumento de los ingresos netos.[4]



[editar] III

Esto forma parte de nuestra proposición de una teoría anarquista que, como tal, debe predecir o deducir cómo se desenvolverían las fuerzas económicas, políticas y sociales en un marco de libertad, más que trazar o desarrollar planes de organización. El verdadero sentido de una teoría anarquista es el de poder establecer cómo sin ninguna ingerencia externa la sociedad se organiza sola y se encamina hacia el bienestar, sin recurrir a regularizaciones sobre la propiedad o sobre alguna otra institución.

Al analizar el libre mercado libre de la intervención coactiva del Estado, hemos intentado demostrar que este tiende a nivelar los distintos grupos productivos: el monopolio es víctima de la libre competencia, los capitalistas ven caer sus beneficios, los precios descienden, a la larga los salarios terminan incrementándose y los desempleados pueden ocuparse, y, lo más importante, los trabajadores tienen la posibilidad en sus manos de acceder a los medios de producción. En palabras de Keith Preston, “… el ideal tradicional del anarcosindicalismo, el de un sistema industrial poseído y operado por los trabajadores, se podría alcanzar, en su mayor parte, en el contexto de un mercado libre sin estado”.[5]

[editar] Notas

  1. Ha sido este el objetivo de todas las corrientes socialistas de mercado, el mutualismo, y el sindicalismo originario —no la caricatura que es hoy, que no es más que una red burocrática al servicio del Estado de turno y de los monopolios. Inclusive el mismo Mises ha denominado a este tipo de sistemas de mercado en donde las empresas son gestionadas por los obreros-emprendedores como “capitalismo de los trabajadores”.
  2. Henry Hazlitt, Economía en una lección, 1946.
  3. Esta simple evidencia ha sido elaborada hasta por alguien que no es un entendido de la ciencia económica como Karl Popper: “… aún cuando [los capitalistas] gasten su capital en máquinas, solo podrán hacerlo adquiriendo el trabajo necesario para construirlas o haciendo que otros lo adquieran, aumentando así la demanda de trabajo”. Ver La sociedad abierta y sus enemigos, 1945.
  4. David Ricardo, Principios de economía política y tributación, 1817. Es útil aclarar que cuando Ricardo menciona los ingresos netos se refiere a los beneficios más las rentas, y cuando habla de ingresos brutos a ingresos netos más los salarios.
  5. Keith Preston, ¿Cómo sería una economía anarcosocialista?, 2002.