Anticapitalismo y neoanarquismo
De Anarchopedia
La estatua del viejo león Winston Churchill que está frente al Parlamento británico apareció el 2 de mayo pintarrajeada y con una cresta verde estilo punki, irrespetuosa y subversiva. Como hace un mes en Washington, ante el Fondo Monetario Internacional, quienes se llaman a sí mismos anticapitalistas se manifestaron duramente en Londres el Primero de Mayo. Hubo saqueos, palos, gritos, heridos, detenciones. La prensa británica dice que se trata de ultraecologistas y anarquistas; como sea, parece ya evidente que no es un fenómeno aislado. ¿Quiénes son esos jóvenes que protestan airadamente, con estampa rebelde y sin miedo a la gresca?
Me atrevería a decir que son los primeros hijos de la muerte o catatonia de la izquierda. Son también la primera ola visible de los detractores del pensamiento único. Son los descontentos que no encuentran cauce para su malestar dentro del Sistema -el sistema de dos partidos y un solo pensamiento- porque creen que ese Sistema lo tiene todo preparado para que nada cambie: el centrismo eterno. Son también estos protestatarios los que creen saber que los gobiernos europeos son tan sólo procónsules del César Yanqui, y más aún: afirman que incluso el César Yanqui está a su vez gobernado por altos y poco visibles poderes macroeconómicos que se mueven en multinacionales de poder mundial con líderes que -inteligentemente- no quieren salir en la foto. Estos rebeldes que no ven salida a un estado de cosas que no les gusta, se visten de ecologismo y anarquismo, porque sienten que, de momento, poco más les queda.
Estos neoanarquistas anticapitalistas se equivocan en una cosa: la violencia. Todos sabemos que ése no es el camino, entre otras razones, porque el más poderoso tiene más posibilidad de ejercerla. Deberían renunciar a la violencia (quizá no a la gamberrada) pero aciertan en casi todo lo demás. Huérfanos disidentes, perciben que si el Sistema no se abre o no admite -aunque sea a la larga- el cambio desde dentro, el tenaz pensamiento único irá cubriendo las ciudades de marginados, inadaptados y parias. El margen crecerá más cada vez creando un fantasma al bienestar, y ello sin tener en cuenta el inmenso peligro de un Tercer Mundo enfermo, desharrapado y hambriento... ¿Va bien el mundo? Me temo que la mayoría no lo cree, aunque al parecer muchos no saben aún cómo decirlo.
Luis Antonio de Villena
4 de mayo de 2000

